De residuos a recursos: cómo convertir desperdicios alimentarios en valor añadido

¿Sabías que cada año se desperdician millones de toneladas de alimentos en todo el mundo? Este problema no solo implica pérdidas económicas, sino también un impacto ambiental enorme. Sin embargo, lo que consideramos “residuos” puede transformarse en importantes fuentes de compuestos y sustancias de alto valor añadido. Este enfoque se alinea con el concepto de economía circular y los Objetivos de Desarrollo Sostenible recogidos por la Organización de Naciones Unidas en la Agenda 2030. En concreto, la revalorización de residuos agroalimentarios nos permite reducir considerablemente la generación de desechos mediante actividades de prevención, reducción, reciclado y reutilización (objetivo 12.5).

Representación del concepto de Economía Circular.

Entre los residuos generados por la industria agroalimentaria destacan las pieles de frutas, las semillas o las cáscaras, entre otros, procedentes de la elaboración de zumos. Estos residuos contienen compuestos bioactivos con propiedades beneficiosas. Entre ellos destacan:

  • Fibra dietética: presente en cáscaras de frutas y verduras.
  • Antioxidantes naturales: como los polifenoles, que se encuentran en residuos de uva, café y cacao.
  • Proteínas y péptidos bioactivos: con múltiples bioactividades como la antioxidante, la antiinflamatoria, la antihipertensiva, etc.

Estos compuestos pueden emplearse para desarrollar alimentos funcionales, ingredientes naturales, bioplásticos e incluso biocombustibles, contribuyendo a la sostenibilidad y la innovación en la industria alimentaria.

¿Qué se está investigando actualmente?

Estos son algunos ejemplos de los estudios que se están llevando a cabo para la reutilización de residuos agroalimentarios:

  • Las cáscaras de mango pueden convertirse en polvo y añadirse a panes para incrementar la fibra y la actividad antioxidante. En este estudio, la cáscara de mango deshidratada y molida se incorpora en masas para aumentar su contenido en fibra, compuestos fenólicos y actividad antioxidante, sin detectar cambios organolépticos significativos a bajas concentraciones.
  • Residuos como la piel de naranja, plátano o patata, el orujo de uva, o la cáscara de arroz y cacao son susceptibles de ser usados como sustrato para la producción de enzimas a escala industrial. Estos residuos tienen un alto contenido en carbohidratos y fibra, y pueden ser fermentados por los microorganismos productores.
  • El bagazo de la cerveza (residuo procedente de la elaboración de cerveza) es ya una materia prima utilizada para ingredientes con alto contenido en fibra y proteína en productos horneados y snacks.
  • Se elaboran biopolímeros utilizando el colágeno y quitosano de residuos de la industria cárnica y pesquera, proteínas del suero de la industria láctea, y celulosa, almidón y pectina de residuos vegetales.
  • Se puede producir biogás a partir de residuos de plátano mediante celdas de combustible microbianas y digestión anaerobia.

Transformar residuos alimentarios en compuestos de valor añadido no es solo una tendencia, sino una necesidad para avanzar hacia un sistema alimentario más sostenible. Esta estrategia permite reducir el desperdicio, generar nuevos productos y cumplir con los objetivos globales de sostenibilidad. Como consumidores, podemos impulsar este cambio apoyando prácticas responsables y fomentando la innovación.

Entrada elaborada por:

Miriam Guzmán Lorite
Prof. Ayudante Doctor/a
Ciencias Biomédicas Nutrición y Bromatología (Universidad de Alcalá)

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